En la nueva realidad en la que el COVID19 nos ha enmarcado, muchas de las actividades de la vida cotidiana pasan a tener nuevas formas. Vamos a tener que inventarnos todo aquello que nos ha de permitir mantener una vida social y económica sustentable, sostenible y posible. Imaginemos cómo han de ser las reuniones sociales, las invitaciones a salir, las nuevas relaciones de amistad, de afecto, de amor; ¿se podrán dar tal como las vivíamos antes del 2020?

La virtualidad

La virtualidad ha podido suplir muchas de las carencias a que nos hemos visto avocados, pero, obviamente, en el trato con las personas no todo es virtual; ¿siempre llegará el momento de tomar una mano, dar un beso, asistir a una cita, tomar una copa de vino, compartir una cena, y, entonces,  el nuevo protocolo cómo será?

Nos dicen que el virus llegó para quedarse, entonces, hay que convivir con la latencia del riesgo, la posibilidad del contagio y seguir las recomendaciones conocidas. ¿Vamos a departir con nuevos conocidos o nos vamos a remitir a intercambiar nuestros espacios sociales con los relacionados de siempre?

Por supuesto que muchas personas se relajaran totalmente y continuaran con la vida usual y corriente, incluso haciendo caso omiso de las precauciones y recomendaciones; pero, esto, con toda seguridad influirá en la propagación del contagio. Lo peor es que quienes mantengan este tipo usual de vida y no presenten afectación en su salud van a persistir en su manera corriente de vivir la cotidianidad.

Sin embargo, muy bien sabemos, que no debemos bajar la guardia ante el peligro. Sin llegar a niveles de paranoia debemos ser serios y afrontar la vida social con el debido respeto al enemigo. Ese que acecha con bastante peligrosidad en los lugares públicos: el transporte, el colegio, la universidad, la cafetería, el restaurante, el teatro, el parque, el gimnasio, tantos lugares en donde nos encontramos con propios y extraños. En todos estos sitios debemos sin descanso, ni descuido mantener en practica las recomendaciones que por lo demás son bien sencillas. Definitivamente la idea no puede ser enclaustrarnos y cortar de raíz las actividades que la vida económica desempeña en la sociedad para su existencia.

Cuidados y precauciones

Todo puede existir con los debidos cuidados y precauciones. Por ejemplo, el negocio de los restaurantes perfectamente puede funcionar siguiendo los patrones definidos sobre aforo, desinfección en el salón y las terrazas de las mesas y las sillas antes y después de cada servicio; cumplimiento estricto del distanciamiento precautelativo, lavado de manos, uso de alcohol, menú digital, pagos con tarjeta, suministro de talegos de papel para guardar el tapabocas.

Dependiendo de la categoría del restaurante, el establecimiento podría, de ser necesario, proporcionar tapabocas de reemplazo al terminar el servicio; en cuanto al uso de guantes se ha de recomendar no usarlos en el salón por parte de los clientes. Los precios del menú, las cantidades y volúmenes de referencia han de ser ajustados para lograr un balance sostenible de las finanzas del establecimiento; realmente, hay muchos elementos nuevos y no podemos esperar hasta que la vacuna sea una realidad. Sin embargo, la vida sigue su curso, solo debemos cuidarla rompiendo la cadena de contagio.

Por: César Dueñas | Back-end Developer en Frubana

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